miércoles, 21 de junio de 2017

7 de la tarde

Te sentí mío
nos sentí nuestros
nos sentí uno
por un ratito

Pero seguimos sangrando
y no sos mío
ni soy tuya
ni somos nuestros

No nos curamos
la cabeza
ni mucho menos
el corazón

Te abracé lo más fuerte que pude
e igual
no te solucioné
las fisuras
en el alma
ni en la mente

No reparé los muebles rotos
en los recovecos más oscuros
de tus profundidades

No te sacié con mi carne
con mis palabras
ni con mi risa

No fui suficiente

No fui

No fuiste

No fuimos

miércoles, 7 de junio de 2017

Mastiqué angustia
porque quería sentir tu cuerpo
e inundarme en el perfume
de tu transpiración

Me consumieron
las ganas esfervecientes
de compartir otro mate con vos
en medio de ese otoño dorado

Tal vez soné muy alto
y con mi cariño
me hice dos alitas de papel
con las que volé entre ilusiones

Englutí desesperanza,
vi cómo te ibas de mi vida
de puntitas y
en silencio.

martes, 30 de mayo de 2017

Vestidito negro

Ayer me puse un vestidito negro al cuerpo. Y lo disfruté. Me miré al espejo sin que surjan ni germinen en mí esas ganas desaforadas de arrancármelo cuanto antes. Me miré contenta, con una media sonrisa casi convencida de cierta conformidad. "El negro siempre me queda bonito" pensé, y aunque me miré varias veces a ver si me marcaba demasiado la pancita, elegí disipar pensamientos tristes y destructivos. Elegí quererme, como todos los días lo elijo. Hago el esfuerzo, al igual que miles y millones de mujeres lo hacen todos los días cuando se enfrentan con con su reflejo en algún vidrio de su barrio. Mirarte al espejo siendo mujer es, literalmente, una pelea constante.
Ayer desconstruí, como todos los días, ese prejuicio tan hecho carne que tenemos como sociedad y como colectivo femenino. Tiré a la basura los estereotipos impuestos y me repetí, casi sin querer, que la belleza está en el espíritu. Que ser linda, como le digo a todas, es la forma en la que te brillan los ojitos cuando hablas de feminismo, de tu vocación o de alguna otra pasión. Que ser linda es estar contenta con una misma. Que ser linda es sentirse libre y sin límites.
Ayer no me puse el vestidito negro nada más. Ayer me puse la seguridad en mí misma que el patriarcado nos roba todos los días. Me puse la camiseta de la resistencia y los pantalones de la oposición a este sistema machista. Me planté frente a los prejuicios y al ojo ajeno, por todas las pibas que alguna vez pasamos hambre o devolvimos el guiso de la abuela para ser más bonitas. Me enfrenté a lo que la publicidad y el modelaje de pasarela nos quita todos los días: el amor propio. Ayer me vestí de poder femenino y de lucha.

miércoles, 19 de abril de 2017

Pasado

Volver a viejas sensaciones,
reencarnar en almas pasadas,
pintarme de nostalgia
y escribirte otra carta.

jueves, 30 de marzo de 2017

Luca y Celia

El comienzo de una historia que nunca terminé.
Y que debería reescribir.

Luca caminaba por las calles de la gran ciudad al ritmo de alguna canción de The White Stripes que se reproducía en su mp3, resonando en sus pequeños auriculares. Daba pasos casi al ritmo de la música y en su semblante se veía reflejado ese espíritu jovial que solo los adolescentes son capaces de emanar. La alegría se le escapaba por los poros mientras reflexionaba sobre su latente urgencia por aventurarse y comerse al mundo de un solo bocado.
¿Qué haría en aquel día tan otoñal? Se preguntaba, mientras disfrutaba de la imagen de los árboles teñidos de colores amarillentos y naranjas. ''Próximamente aquellas hojas se van a pintar de un tono más rojizo'' pensó para sus adentros y se sonrió con insolencia. Las personas a su al rededor le interesaban poco y nada. Estaba centrado en él, en la música, en sus sueños de escritor que le recorrían las venas. Y en su hambre de conocer, descubrir, explorar y experimentar.
La quinta canción de su lista de reproducción favorita finalizó. Los auriculares no emitieron sonido alguno por varios segundos y en cuanto levantó la vista de sus pies, divisó una cafetería pequeña que capturó su atención. No lo pensó demasiado y sin cuestionar sus impulsos tan particulares, se adentró a ella. Dio varios pasos y otra canción comenzó a sonar en su reproductor. Se sentó sobre la barra esperando que alguien lo atienda, ensimismado por completo en su microuniverso personal.
Retiró los auriculares de sus oídos en cuanto la mesera se inclinó hacia él con demasiado entusiasmo, pretendiendo tomar su pedido. —¿Y bien? ¿Qué vas a tomar, niñito?— le dijo aquella mujer considerablemente mayor. El chico sintió su respiración caliente chocar contra su rostro y dos o tres gotitas de su saliva cubrieron su mejilla izquierda. Tenía una gran verruga sobre el labio que hizo que Luca se estremeciera con escozor. Él se alejó unos centímetros por inercia y contestó: —Un capuchino, por favor—. Suspiró sutilmente en cuanto aquella mujer se alejó luego de pronunciar ''en seguida viene''.
Se pedía capuchinos a todas las cafeterías a las que iba. Aquella infusión era la preferida de su padre y desde que Luca tenía memoria, era la que ordenaba cada vez que salían juntos. Recordó varios escenarios en los cuales aquella bebida caliente y espesa fue protagonista en los encuentros con su padre. Peleas, discusiones, charlas serias o charlas al azar atiborradas de chistes internos. Lo que sea, pero el capuchino casi siempre presente. Sonrió con un tinte de nostalgia. Sus introspección se vio interrumpida cuando una morocha de ojos verdes como el pasto de verano se sentó a su lado y dejó un cuaderno sobre la mesa que decía ''Celia''. Supuso que era su nombre. La observó por unos minutos sin que la chica siquiera lo advirtiera. —Y... ¿te gusta escribir?— preguntó el muchacho, sin escrúpulos.

domingo, 26 de marzo de 2017

Barra

Dante siempre había sido muy bueno en su trabajo. Su labia fluida y su prodigiosa facilidad para entablar conversaciones hacía que la conexión con los clientes se diera de una forma totalmente natural. Las noches en las que él trabajaba, el bar vendía más tragos que de costumbre en su barra. Lograba charlar lo suficiente con los clientes como para divertirlos y animarlos a tomar un par de vasos más, seducidos por el entretenimiento que producía charlar con aquel morocho jocoso. Era capaz de hacer que dos personas establecieran conversaciones extensas a lo largo de la noche, para terminar en la cama de algún motel. Poseía una fascinación especial por las relaciones humanas y la comunicación, algo que lo caracterizaba y resultaba ser un gran beneficio.
Cervezas en cantidad. Mojitos. Y su especialidad: cubalibre. Vasos sobre las barras. Aún más tragos sobre las mesas ubicadas en los rincones. La energía del lugar se apoderaba del espíritu de jóvenes y adultos, sin duda alguna. Gente meneando las caderas y levantando los brazos al ritmo del pop y el rock que hacían retumbar una y otra vez los parlantes posicionados en lo alto del pub. Sonrisas en demasía. Y varias muchachas carentes de inocencia que pretendían pasar una dulce velada con él. "Hoy no" se dijo a sí mismo, observando escasez de sus típicas ganas de coquetear con desconocidas. Esta noche tenía un objetivo en específico que no estaba dispuesto a transformar ni canjear: Myrcella.
El reloj en su muñeca derecha emitió un sonido tintineante mientras las agujas marcaban las 2a.m, hora de irse a casa. Sirvió un par de tragos más, satisfecho con sus planes para el resto de la noche. Se despidió de sus compañeros de trabajo, metió un par de cervezas en su mochila en plan contrabando y luego la buscó impetuoso con la mirada entre tanta gente sentada sobre la barra del lugar. Allí estaba: sus ojos la divisaron donde la había conocido más temprano, aunque ahora llevaba el pelo un poco despeinado y el vestido desarreglado. Sonrió y apretó los labios, como queriendo suprimir esa expresión de satisfacción de su rostro. Se puso la mochila al hombro y se acercó a la castaña de inmediato, sin escrúpulos. —¿Me permite escoltarla, señorita?— preguntó Dante luego de inclinarse hacia a ella. La muchacha se sobresaltó al escuchar la voz del barman, puesto que hasta ese entonces se encontraba mirando al otro extremo de la pista, pensando en quién sabe qué. Él rió. Aún soltando un par de carcajadas, pasó con todo su cuerpo por encima de la barra, deslizándose por gran parte de la extensión de la misma. "Qué lindos son los encuentros casuales", pensó en cuanto tomó su mano y la acopló con la suya, dispuesto a caminar entre el mar de gente que ocupaba el lugar.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Después de los besos,
de los silencios,
vomité mariposas

Explotaste en mi cabeza
y te teñiste de gris

Se despintaron mis labios
y ardimos en miseria

Nos pisoteé
como a un bicho miserable
y te di ese beso
lleno de melancolía

Nos convertimos en un recuerdo,
una melodía que nunca fue

Fuimos un dibujo a medio hacer
una taza de té fría
un capullo sin florecer
un cigarro consumido

Aún vivimos en esas canciones y
en los rincones de tu casa

Aún somos en el pasado
en algún recuerdo encapsulado