jueves, febrero 16

Alas

A veces sueño con vos. A veces te encuentro en rincones fríos de mi cabeza, en destinos olvidados. A veces vuelvo a las historias que me contabas cuando yo era muy chiquita y me sonrío con un leve tinte de nostalgia. Nunca jamás me voy a olvidar de estar sentada en tu cama, en ese acolchado gordo y suave, mientras me mostrabas la remera de tu banda favorita y luego afirmabas "sí, las flores y arbolitos en las ventanas los pinté yo". Recuerdo examinar detenidamente el acrílico plasmado sobre vidrio. En principio, no te creí. Pero después te admiré y me pregunté, en mi cabecilla de niña, cómo hacías para ser tan genial. A veces me pregunto si ese poquito de locura que me compartías, tan tuyo, lo tomé como ejemplo de vida. O me cuestiono si la sangre que alguna vez compartimos es lo que me hace sentirme tan plasmada en vos, tan espejada. ¿Dónde andas, Lore? ¿Volando por ahí? Esparciendo magia donde el mundo la necesita. Llenando de buena vibra los momentos, las ochavas desoladas en las que llora algún corazón angustiado, tal vez. Tal vez no. Capaz me equivoco y en el plano por el que andás de paso, no te preocupamos (tanto) los seres humanos y simplemente estás dedicando tu tiempo a disfrutar de esas alas de las que le hablaste a tantos. A mí no. No tuvimos tiempo, flaquita. Pero cómo me gustaría sentarme sobre el cemento frío al borde de la laguna para escucharte hablar de ellas. O de alguna otra anécdota, aunque sea una sola más, para abrazarla y guardarla en mi cajoncito mental de recuerdos. Sino, que me muestres tu poesía. O alguna otra canción que te hace sentir que volás. Sueño mucho, ¿no? Probablemente sí, pero cuando me enojo con el mundo muy de repente, desearía tenerte para degustar una birra juntas. O compartir una tuca. ¿Usabas tuquero? ¿O te quemabas los dedos, como yo? ¿Te caben los culitos de la birra? Si no te gustan, yo me ofrezco a tomarlos. Yo me tomo todo. "Hasta el agua de los floreros", me dijeron alguna vez.
A veces te recuerdo y deseo ser un poquito más como vos, tía. Más libre, más loca, más profunda. Te quiero, aunque no sé si alguna vez lo puse en palabras. Te adoro, aunque no sé si tuve la oportunidad de decirlo en voz alta. Aunque seguramente no lo supiste, lo hice siempre. Con el alma.

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