miércoles, junio 21

7 de la tarde

Te sentí mío
nos sentí nuestros
nos sentí uno
por un ratito

Pero seguimos sangrando
y no sos mío
ni soy tuya
ni somos nuestros

No nos curamos
la cabeza
ni mucho menos
el corazón

Te abracé lo más fuerte que pude
e igual
no te solucioné
las fisuras
en el alma
ni en la mente

No reparé los muebles rotos
en los recovecos más oscuros
de tus profundidades

No te sacié con mi carne
con mis palabras
ni con mi risa

No fui suficiente

No fui

No fuiste

No fuimos

miércoles, junio 7

Mastiqué angustia
porque quería sentir tu cuerpo
e inundarme en el perfume
de tu transpiración

Me consumieron
las ganas esfervecientes
de compartir otro mate con vos
en medio de ese otoño dorado

Tal vez soné muy alto
y con mi cariño
me hice dos alitas de papel
con las que volé entre ilusiones

Englutí desesperanza,
vi cómo te ibas de mi vida
de puntitas y
en silencio.

martes, mayo 30

Vestidito negro

Ayer me puse un vestidito negro al cuerpo. Y lo disfruté. Me miré al espejo sin que surjan ni germinen en mí esas ganas desaforadas de arrancármelo cuanto antes. Me miré contenta, con una media sonrisa casi convencida de mi conformidad. "El negro siempre me queda bonito" pensé, y aunque me miré varias veces a ver si me marcaba demasiado la pancita, elegí disipar pensamientos tristes y destructivos. Elegí quererme, como todos los días lo elijo. Hago el esfuerzo, al igual que miles y millones de mujeres lo hacen todos los días cuando se enfrentan con con su reflejo en algún vidrio de su barrio. Mirarte al espejo siendo mujer es, literalmente, una pelea constante.
Ayer desconstruí, como todos los días, ese prejuicio tan hecho carne que tenemos como sociedad y como colectivo femenino. Tiré a la basura los estereotipos impuestos y me repetí, casi sin querer, que la belleza está en el espíritu. Que ser linda, como le digo a todas, es la forma en la que te brillan los ojitos cuando hablas de feminismo, de tu vocación o de alguna otra pasión. Que ser linda es estar contenta con una misma. Que ser linda es sentirse libre y sin límites.
Ayer no me puse el vestidito negro nada más. Ayer me puse la seguridad en mí misma que el patriarcado nos roba todos los días. Me puse la camiseta de la resistencia y los pantalones de la oposición a este sistema machista. Me planté frente a los prejuicios y al ojo ajeno, por todas las pibas que alguna vez pasamos hambre o devolvimos el guiso de la abuela para ser más bonitas. Me enfrenté a lo que la publicidad y el modelaje de pasarela nos quita todos los días: el amor propio. Ayer me vestí de poder femenino y de lucha.

miércoles, abril 19

Pasado

Volver a viejas sensaciones,
reencarnar en almas pasadas,
pintarme de nostalgia
y escribirte otra carta.