miércoles, marzo 1

Después de los besos,
de los silencios,
vomité mariposas

Explotaste en mi cabeza
y te teñiste de gris

Se despintaron mis labios
y ardimos en miseria

Nos pisoteé
como a un bicho miserable
y te di ese beso
lleno de melancolía

Nos convertimos en un recuerdo,
una melodía que nunca fue

Fuimos un dibujo a medio hacer
una taza de té fría
un capullo sin florecer
un cigarro consumido

Aún vivimos en esas canciones y
en los rincones de tu casa

Aún somos en el pasado
en algún recuerdo encapsulado

jueves, febrero 16

Alas

A veces sueño con vos. A veces te encuentro en rincones fríos de mi cabeza, en destinos olvidados. A veces vuelvo a las historias que me contabas cuando yo era muy chiquita y me sonrío con un leve tinte de nostalgia. Nunca jamás me voy a olvidar de estar sentada en tu cama, en ese acolchado gordo y suave, mientras me mostrabas la remera de tu banda favorita y luego afirmabas "sí, las flores y arbolitos en las ventanas los pinté yo". Recuerdo examinar detenidamente el acrílico plasmado sobre vidrio. En principio, no te creí. Pero después te admiré y me pregunté, en mi cabecilla de niña, cómo hacías para ser tan genial. A veces me pregunto si ese poquito de locura que me compartías, tan tuyo, lo tomé como ejemplo de vida. O me cuestiono si la sangre que alguna vez compartimos es lo que me hace sentirme tan plasmada en vos, tan espejada. ¿Dónde andas, Lore? ¿Volando por ahí? Esparciendo magia donde el mundo la necesita. Llenando de buena vibra los momentos, las ochavas desoladas en las que llora algún corazón angustiado, tal vez. Tal vez no. Capaz me equivoco y en el plano por el que andás de paso, no te preocupamos (tanto) los seres humanos y simplemente estás dedicando tu tiempo a disfrutar de esas alas de las que le hablaste a tantos. A mí no. No tuvimos tiempo, flaquita. Pero cómo me gustaría sentarme sobre el cemento frío al borde de la laguna para escucharte hablar de ellas. O de alguna otra anécdota, aunque sea una sola más, para abrazarla y guardarla en mi cajoncito mental de recuerdos. Sino, que me muestres tu poesía. O alguna otra canción que te hace sentir que volás. Sueño mucho, ¿no? Probablemente sí, pero cuando me enojo con el mundo muy de repente, desearía tenerte para degustar una birra juntas. O compartir una tuca. ¿Usabas tuquero? ¿O te quemabas los dedos, como yo? ¿Te caben los culitos de la birra? Si no te gustan, yo me ofrezco a tomarlos. Yo me tomo todo. "Hasta el agua de los floreros", me dijeron alguna vez.
A veces te recuerdo y deseo ser un poquito más como vos, tía. Más libre, más loca, más profunda. Te quiero, aunque no sé si alguna vez lo puse en palabras. Te adoro, aunque no sé si tuve la oportunidad de decirlo en voz alta. Aunque seguramente no lo supiste, lo hice siempre. Con el alma.

martes, enero 17

Caramelos ácidos

A veces, cuando tengo ganas insesables de llorar, te pienso. Y por una milésima de segundo, creo que te extraño. Ese efímero momento en el cual recuerdo tu compañía y tus mimos sobre mi rostro, mi cuerpo, mi pelo. Esas caricias, que más que físicas o banales, eran caricias al alma. Caricias que se fundían con mis sentimientos y penetraban en lo más profundo de mi ser. Tus manos suaves parecían desdibujar toda angustia y rencor dentro de mí, con un amor tan determinado. El sonido de tu voz se entrometía en mi cabeza y hacía que me estremezca sin pudor, sin pausa. Tus brazos estrechaban mi sumiso cuerpo con fuerza, me arropaban, me abrazaban casi sin torpeza.

Así es la mente, ¿no? Así nos comportamos con los recuerdos. En la distancia, lejos, en un pasado enterrado, todo parece más bello. Más delicado, más suave, más poético. Pero si entrecierro un poquito los ojos, puedo recordar mejor. Puedo despintar mi memoria de rosa y observar lo callado, lo perdido, lo que quedó en el olvido. Las mañanas eternas en las tomaba café tan amargo como lo eran mis lágrimas, pensando qué habré hecho tan mal. El frío del piso contra mis costillas cuando alguna vez me empujaste con demasiada ira. Los gritos desesperados a través de un aparato electrónico, al unísono. Mis plegarias al cielo para parar ese sufrimiento y esas actitudes tóxicas que se apoderaron del amor que alguna vez sentimos. O creímos que sentimos, ya no sé. Y ahí, cuando he esclarecido las aguas y derribado mi cómodo romanticismo, es cuando decido dejarte atrás. Tirarte, revolearte, soltarte. Pero no esconderte. Elijo aceptar que fuiste parte de mi historia, de mi camino. Una piedra más, un dulce error que con el tiempo me enseñó mi valor. Y tu recuerdo es un poquito placentero pero causa bastante amargura, casi como los caramelos ácidos.

lunes, enero 16

Detalles

El sabor a birra en los labios
el cigarro prendido en la mano
tus manos torpes sobre mi cintura
¿qué más podía pedir?

Afuera se hacía de día
aunque no era algo que nos incumbía
Perdidos en insensantes palabras
nos dejamos fluir en una misma frecuencia

Dejé de pensar
para apreciar
cada caricia sentir
y un verso más escuchar